Hoy inicia una nueva etapa política en El Salvador

Se presentó en campaña como «el candidato del cambio» y, con su contundente victoria, ya consiguió uno histórico.

Nayib Bukele consiguió acabar con la alternancia en el poder de los dos partidos que gobernaron El Salvador en los últimos 30 años y este 1 de junio asume como presidente del país centroamericano.

La promesa de hacer «política diferente» por parte de quien, con 37 años, será el presidente más joven en la actualidad de un país de América Latina logró convencer.

Bukele solo necesitó una ronda para vencer a los candidatos de la coalición conservadora ARENA y del izquierdista FMLN, al que pertenece el presidente saliente Salvador Sánchez Cerén.

Bukele, que fue alcalde de San Salvador con el FMLN, ganó las elecciones bajo las siglas del derechista GANA, una escisión de ARENA salpicada por conocidos casos de corrupción.

Es difícil por tanto, de encasillar políticamente. Su paso por partidos de tendencia completamente opuesta arroja grandes incógnitas sobre algunas líneas básicas de lo que será su gobierno que, además, deberá lidiar con una Asamblea Legislativa dominada por la oposición.

Nacido en una familia de origen palestino, Nayib Bukele protagonizó una campaña con estilo propio que lo hizo ser considerado como la alternativa para una población cansada de los partidos tradicionales.

Con una imagen caracterizada por chaqueta de cuero y lentes de sol, Bukele despertó especialmente la atención de jóvenes y «millennials» gracias a su presencia en redes sociales en las que acumula experiencia como empresario del mundo del marketing y la publicidad.

«Más que una persona, Bukele es un mito que se ha creado alrededor de él y que muy poca gente conoce. Ha hecho muy bien su campaña publicitaria dirigiéndola desde una burbuja», critica el empresario Rafael Castellanos, empresario salvadoreño afín a la derecha.

El nuevo presidente salvadoreño comenzó a estudiar Derecho, aunque no terminó la carrera y se puso al frente de la empresa de publicidad de su padre.

Quienes lo conocen destacan su inteligencia, innovación y conocimiento de la problemática de El Salvador, especialmente después de sus años como alcalde del pequeño Nuevo Cuscatlán y posteriormente de la capital, San Salvador.

Pocos días antes de las elecciones, Bukele aseguró que «ningún partido político tendrá cuotas o podrá asignar cargos en el gobierno», ya que el único autorizado será la figura del presidente.

«Si jamás permití que la cúpula del FMLN me diera órdenes, menos lo permitiré de dirigentes de otros partidos», aseguró tajante en sus redes sociales.
Su otro gran desafío será mejorar la situación económica y escasez de empleo en el país, uno de los principales motivos por el que miles de personas aseguran que se ven obligadas a emigrar al norte cada año.

«Bukele debe tener una visión internacional para articular relaciones diplomáticas importantes, especialmente con Estados Unidos que es donde se encuentra la mayoría de salvadoreños que han emigrado», dice Roberto Cañas.

En esa misma área de política exterior, Bukele ya marcó la diferencia sobre la postura que piensa mantener con países como Venezuela o Nicaragua, públicamente apoyados por el presidente saliente Sánchez Cerén.

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