La pasión de Napoleón por Josefina

Adolfo Miranda Sáenz

Mucho se conoce sobre Napoleón Bonaparte, pero muy poco de sus dos esposas infieles y de la mujer que lo amó. Un tema interesante desde la perspectiva histórica, sobre el cual vamos a escribir. Napoleón era un joven general de brigada del ejército francés, sin dinero y aparentemente sin mucho futuro, cuando se casó con una viuda con dos hijos de un matrimonio anterior y un largo historial de amantes: la Vizcondesa de Beauharnais, Rose Joséphine Tascher de la Pagérie. Napoleón siempre la llamó Josefina evitando usar Rosa, el nombre pronunciado por demasiados amantes. Su matrimonio se ha tenido como una de las grandes historias de amor, pero la realidad es que fue una relación apasionada que se convirtió en tormentosa y terrible.

Napoleón conoció a Josefina en una fiesta del hábil, corrupto, bisexual y libertino poderoso miembro del Directorio (la forma de gobierno durante la Revolución Francesa) Paul Barras, de quien Josefina era amante. Ella se había convertido en reina de la sociedad parisina creando tendencias de moda en ropa y actitudes, alardeando de su libertinaje. Con todo, Napoleón quedó deslumbrado por ella cuando la vio. Barras, apasionado entonces por un jovencito, quería deshacerse de su amante y cedió a Josefina al general, quien la aceptó porque le gustaba hasta la obsesión, y contrajeron matrimonio civil.

Al principio Napoleón estaba enamorado de Josefina. Cuando iba a sus batallas le escribía cartas con gran contenido erótico de pasión y deseo. Pero Josefina nunca le correspondió. Eran muy diferentes. Napoleón era educado, culto, mientras Josefina nunca se interesó en instruirse. Era una mujer bella y sensual, pero perezosa, caprichosa y gastaba sin medida. Pronto volvió a su frívola vida social y siguió teniendo amantes, aunque en las cartas a su marido pretendía echarlo de menos.

Para no viajar con él, Josefina inventaba excusas, incluso un embarazo y un aborto, mientras seguía seduciendo amantes en las lujuriosas fiestas de Barras. Cuando no pudo evitar viajar al lado de Bonaparte llevó como ayudante a su amante favorito, el joven oficial Hippolyte Charles. Un día, un amigo de Napoleón, el general de brigada Junot, se atrevió a revelarle las infidelidades públicas de su esposa. Según cuenta Bourrienne, secretario particular de Napoleón, éste palideció como un moribundo ante la noticia: “Sus facciones sufrieron una convulsión, en sus ojos apareció una mirada salvaje y empezó a golpearse la cabeza con sus puños”. Así se destruyó para siempre la pasión que Bonaparte había sentido por ella.

Josefina entró en pánico pidiendo a su hija Hortensia, muy querida por Napoleón, que intercediera por ella. Hortensia se arrojó a los pies de su padrastro suplicando perdón para su madre. Para asombro de cuantos le conocían, Napoleón no castigó a nadie ni se divorció, pero dijo a Josefina que “le había matado el corazón y no volvería a amar nunca más”. Siguieron comportándose como marido y mujer en público, pero Napoleón dejó de ser un marido fiel. Intercambiaron papeles: ella, transformada, pasó a ser una esposa devota y leal, mientras él la engañaba. Dormían en cuartos separados, aunque él la visitaba algunas noches cuando tenía insomnio y “necesitaba sudar”, según cuenta en sus memorias Madame de Rémusat, dama del palacio y confidente de Napoleón.

A pesar de todo, cuando Napoleón se convirtió en emperador coronó a Josefina emperatriz en presencia del Papa. Josefina aprovechó para casarse por la Iglesia, a lo que Napoleón accedió. Señala la historiadora Ángeles Caso que “Napoleón siguió con Josefina porque el matrimonio le interesaba desde el punto de vista social, sobre todo después de coronarse emperador”. Pero Bonaparte quería un hijo que Josefina nunca le dio, por lo que se divorció dejándole generosamente el título de emperatriz, cierta corte y una buena situación económica. Falleciendo Josefina, Napoleón se casó con María Luisa de Austria, sobre quien nos referiremos próximamente.

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