Revolucionarios de boca

cartas de amor, nicaragua, fabio gadea

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Querida  Nicaragua:  Como una obligación periodística me propuse escuchar el discurso de don Daniel en la plaza Juan Pablo II el día del aniversario de la que llaman “revolución popular sandinista”.    Antes de él hubo que soportar el repetitivo discurso del revolucionario presidente salvadoreño don Salvador Sanchez Cerén, miembro sobresaliente del comunista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, FMLN  de El Salvador.    En medio de canciones y bullarangas se destacaba en la tarima la figura del presidente de Venezuela, don Nicolás Maduro, quien llegó de Caracas para hacer casa común con su camarada Daniel.

A propósito, se necesita ser un chabacán de primer orden para comenzar un discurso con un verbo que los hombres solemos usar con conversaciones amigables y en voz baja: el verbo “joder”.    Así comenzó su discurso el señor Maduro lanzando una andanada de odio en contra de los Estados  Unidos, el consabido “imperialismo yanqui” autor de todos los males, desgracias y ruinas  a las que conducen a sus pueblos los ahora  llamados revolucionarios del Siglo XXI.

Pero bien, a mi me interesaba escuchar el discurso de don Daniel y para mi sorpresa no le escuché hablar de nada del gobierno, de la administración pública, de educación, de salud, de hospitales, de caminos, de combate contra la pobreza.   Tampoco habló de creación de empleos, ni de el costo de la vida, ni de la canasta básica, temas que son vitales para el bienestar del pueblo o siquiera para las ansias de superación de la gente.   Estando a tres meses de las elecciones para presidente de la república, no dijo una  palabra sobre las mismas, ni habló de candidaturas, ni anunció como esperábamos, el nombre de la persona que sería su vicepresidente, ya que se dá por un hecho que don Daniel ha tejido todos los hilos que conducen a que no haya ningún candidato que se le oponga con seriedad en las tales elecciones.

Si don Daniel no habló de las elecciones es porque sabe que poco a poco ha ido acabando con ese sistema  al que repudia.  El es partidario del partido único como en Cuba, donde quien manda es el caudillo y donde se  elige siempre al mismo caudillo.

Muchos ciudadanos estamos seguros de que si don Daniel recompusiera el Consejo Supremo Electoral,  permitiera la observación nacional e internacional en las elecciones, creara un organismo especial para entregar a los ciudadanos sus cédulas de identidad, y permitiera que cada partido tuviese sus fiscales en cada departamento, municipio y región del país y  compitiera de verdad con cualquier contrincante  no llegaría ni al treinta por ciento de los votos.    Esta es la conclusión a la que se llega cuando uno ve cómo las encuestas le dan al  señor Ortega  puntajes enormes de popularidad y donde la oposición, la verdadera oposición aparece con puntajes lamentables.

Si esto es verdad  don  Daniel no tendría nada que temer,  dejaría que el Consejo Supremo Electoral contara correctamente los votos,  no enviaría  fiscales de partidos zancudos y coordinadores de mesas electorales  para asegurar los votos favorables,  permitiría la llegada de observadores internacionales y la presencia de observadores nacionales, haría unas elecciones verdaderamente competitivas y convertiría los comicios en  una verdadera fiesta cívica.    Pero él sabe que en países donde el pueblo tiene miedo, la gente no dice la verdad en las encuestas. En pueblos  amenazados con perder su empleo, amenazados con no conseguir una carta de los Comités del barrio que siguen funcionando, la gente no dice la verdad.  Don Daniel no le cree a las encuestas, entre más populridad le atribuyan menos le creen.  Es demasiado listo como para  creer que el pueblo votará por él.   En elecciones libres, limpias, transparentes, a don Daniel le gana cualquiera de los  ciudadanos bien calificados que abundan en  Nicaragua.

La lucha sigue y la patria vive, buenos días y buenas noches Nicaragua!

Fabio Gadea Mantilla

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