Noruega es hoy uno de los países menos corruptos del mundo

En algunos países se considera casi un crimen revelar detalles tributarios de alguien, pero en otros es fácil descubrir cuánto gana y cuánto paga en impuestos cualquiera. Se sabe todo, incluso lo que quizá no interesa.

En el primer extremo se sitúa, por ejemplo, Reino Unido, donde es una ofensa revelar los asuntos tributarios de otros, mientras que en Noruega es sencillísimo averiguar cuánto gana y cuánto paga de impuestos cualquiera, desde el más rico y poderoso hasta el más pobre. Sencillamente porque se trata de información pública y transparente.

No es un descubrimiento de la era digital, ni mucho menos. Antes de que llegaran las grandes redes de telecomunicaciones, Internet y demás, en cualquier ciudad noruega era posible sacudirse las dudas y conocer de forma sencilla los ingresos de cualquier persona: vecinos, familiares e incluso jefes o gobernantes. Bastaba ir al ayuntamiento o la municipalidad de turno y buscar los detalles. Hoy cualquiera que tenga interés por saber cuánto ganan sus colegas, el jefe o la vecina puede encontrar la respuesta en internet.

La transparencia es poder. Y en Noruega ayuda a que la brecha salarial entre mujeres y hombres sea una de las más pequeñas del mundo. Incluso las empleadas domésticas pueden conocer lo que les están pagando a otras compañeras que hacen trabajos similares y, de este modo, saber si su trabajo se está reconociendo suficientemente. A esta labor de transparencia también contribuyen los sindicatos, que publican listas muy detalladas del pago para cada empleo.

¿Desde cuándo son tan transparentes los noruegos? Según explica a la BBC Einar Lie, profesor de Historia Económica de la Universidad de Oslo, esta práctica es tan antigua como el propio país.

De acuerdo con sus palabras, el primer impuesto estatal que tuvieron los noruegos fue poco después de independizarse de Dinamarca tras la Guerra Napoleónica. Noruega creó su propia constitución, parlamento, gobierno y finanzas estatales, y por supuesto, su propio sistema de impuestos. Y en la segunda mitad del siglo XIX se reguló por ley la práctica de que los asuntos tributarios debían ser públicos.

En su día, la razón para revelar lo que otros normalmente ocultan fue generar confianza en las autoridades. Según palabras de este curioso investigador, en las primeras décadas tras la independencia se recomendaba que la información fuera anunciada en voz alta porque mucha gente no sabía leer y escribir. El pregonero local se paraba en la puerta de la iglesia o en la plaza del pueblo y recitaba los asuntos financieros de cada habitante sin complejos.

Si la idea original era evitar que se le diera tratamiento especial a los ricos y que se corrompieran los funcionarios del gobierno, parece que ha dado resultado: Noruega es hoy uno de los países menos corruptos del mundo y presume de ello.

Ahora el asunto es si su modelo puede exportarse tan fácilmente. ¿Estamos los españoles preparados para poner en marcha este esquema de ‘transparencia’ (o algo similar)?

Fuente: BBC

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