Editorial La Prensa: Trump desafiante en el banquillo

EEUU
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El martes de la semana entrante comenzará la parte central y determinante del juicio político para la destitución del presidente de los Estados Unidos (EE.UU.), Donald Trump. El juicio ha sido aprobado por la Cámara de Representantes pero le corresponde al Senado resolverlo, según lo establece la Constitución estadounidense.

Aunque al parecer hay pruebas en la acusación de la Cámara de Representantes dominada por el Partido Demócrata, para intentar destituir al presidente Trump, lo cierto es que el juicio está insertado en un año electoral y en una campaña presidencial que según las diferentes mediciones de la opinión pública, muy difícilmente podrían ganar los demócratas.

Según observadores competentes y bien informados, el presidente Trump —quien aspira a la reelección en noviembre de este año— no podrá ser destituido porque la mayoría del Senado pertenece a su mismo partido, el Republicano. Pero al parecer los estrategas demócratas creen que la acusación y el juicio de destitución de Trump impactará poderosamente al electorado y podría debilitar gravemente la candidatura del actual presidente republicano, mejorando así las posibilidades del candidato del Partido Demócrata que ni siquiera se sabe quién será porque aún no ha sido nominado.

Sin embargo el juicio político contra el presidente Trump podría tener un efecto bumerán, volverse contra los demócratas y a la larga fortalecer más bien la aspiración reeleccionista del actual primer mandatario de la nación.

Trump acude al juicio político desafiante, porque está muy bien posicionado en su aspiración a un segundo período presidencial. Gracias a las políticas de Trump, la economía de Estados Unidos está pasando por un buen momento y su política exterior, aunque a veces errática y muy cuestionada y desacreditada por sus adversarios de dentro y fuera del país, ha sido exitosa sobre todo en lo que se refiere a las relaciones con China y México, el enfrentamiento enérgico al régimen terrorista de Irán y la impugnación a dictaduras criminales como las de Venezuela y Nicaragua.

En esto, precisamente, radica el interés especial que tiene para Nicaragua el juicio político para intentar la destitución del presidente Trump. Es cierto que la política de los Estados Unidos hacia la dictadura de Daniel Ortega es bipartidista, republicanos y demócratas convergen en ella, pero el peso efectivo de la misma recae en la Administración y la actitud del presidente Trump es decisiva.
De manera que mientras por un lado Daniel Ortega y sus secuaces esperan y quieren que el presidente estadounidense sea destituido, la población y la oposición democrática nicaragüense desea lo contrario, es decir, que el Senado rechace la pretensión de los demócratas y que Trump siga avanzando a paso de vencedor hacia las elecciones del próximo noviembre.

Dicen las informaciones que nunca antes un presidente de Estados Unidos ha sido destituido por el Senado. En los dos únicos juicios políticos que hubo anteriormente fueron absueltos, primero el presidente Andrew Johnson, en 1868, y después el presidente Bill Clinton, en el año 1998. En el único otro caso que había ocurrido hasta ahora, el presidente Richard Nixon renunció al cargo presidencial antes de que la acusación contra él fuera presentada.

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