Los enemigos de la unidad en la oposición

Enrique Sáenz

Uno de los clamores que se lee y se escucha en distintos espacios y por distintos medios es el reclamo de unidad de la oposición. En muchos casos se trata de una frase retórica, hueca, porque quienes la esgrimen niegan con sus haceres y decires lo que supuestamente reclaman. Y no siempre es resultado de la mala fe. Frecuentemente el origen se localiza en esos quistes malignos -tal vez por esta razón actúan como “malquistados”- que nuestro tejido social lleva profundamente incrustados.

Pues bien, hace más de tres años, específicamente en diciembre del 2016, publiqué un artículo que hoy, en la tragedia que vivimos, tiene todavía mayor vigencia que en aquel momento. Les pido lo lean y estoy seguro que me darán la razón. El artículo se refería precisamente a la unidad de la oposición. Y dice así:

“En días recientes, mientras revisaba una colección de ejemplares del diario La Prensa, tuve la fortuna de encontrar un extraordinario editorial de fecha enero de 1979. Hace 40 años. Las enseñanzas que se desprenden del lúcido y esclarecedor análisis contenido en el escrito mencionado deberían ser útiles a todos los que estamos empeñados en rescatar la democracia.

Cuando el editorial de La Prensa fue escrito eran momentos de extrema polarización, represión y violencia: Eran vísperas de la conmemoración del primer aniversario del asesinato de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Recién había pasado la insurrección de septiembre de 1978. Y la dinámica política estaba marcada, de un lado, por espinosas negociaciones con el somocismo, con la mediación de la OEA; y, por el otro lado, un verdadero baño de sangre que se extendía a lo largo y ancho del país.

En este escenario, donde los protagonistas civiles también arriesgaban la vida cada día, con todo y eso persistía la división. Así, al describir la situación de la oposición el editorial dice lo siguiente: “…hemos observado en las últimas semanas una alarmante, y repudiable vendetta política entre algunos sectores políticos opositores y un lamentable deterioro del proceso unitario…” . 

¿A qué causas atribuye el editorialista de La Prensa el miope sectarismo que prevalecía en circunstancias tan apremiantes y trágicas? Anotemos algunas y comparemos con el presente:
1. Auto-sobreestimación de las propias fuerzas, en comparación con los otros grupos políticos.

Cada grupo político presumía –en el presente igual- de ser más fuerte o representativo que los otros, y muestra una tendencia a subestimarlos y arrogarse más peso en la toma de decisiones. Obviamente, esa subestimación es fuente de resentimiento y de conflicto.

2. Una evaluación equivocada de las condiciones y posibilidades políticas del país. Cada grupo tenía su propia lectura de la realidad. Cada grupo tenía su propia lectura de la realidad.

En el momento actual esta es también una causa relevante. Si unos grupos políticos consideran que la violencia es la única ruta, y otros, que debemos ir a elecciones aunque no hayan condiciones, para citar dos ejemplos ¿Cómo pueden articularse estrategias? Es muy difícil.

3. Resabios políticos caudillescos y falta de comprensión y tolerancia sobre el verdadero pluralismo.

4. En otras ocasiones –señala el escrito-, y es este el más injustificable de los casos, son rencillas y animosidades personales, las que se han antepuesto a la necesaria unidad opositora.

Resulta increíble constatar -agregamos nosotros- cuánto influyen las pequeñeces, envidias e inquinas personales en el desempeño de organizaciones y alianzas políticas.

5. La confianza ilimitada de unos grupos en que poderes extraños nos liberen de Somoza, o se produzca un milagro político. En las circunstancias actuales, hay quienes depositan su esperanza en un dron; o en un paro; o en la suspensión del CAFTA; o un gobierno de transición; o un Guaidó.

6. Desconfianza sobre los objetivos políticos de los otros grupos.

Estamos hablando de hace 40 años. Cualquier parecido con la realidad presente es…¿pura coincidencia?

7. Las artimañas e intrigas de Somoza y sus agentes. Cambiemos el nombre de Somoza por Ortega y quedamos en las mismas.

El párrafo final del editorial encierra una contundente lección para los protagonistas de hoy:
“En los extremos de esas conductas sectarias, a veces pareciera que los esfuerzos están más dirigidos a desgastarse entre aliados, o posibles aliados, que a combatir al enemigo común…Esas tendencias sectarias y divisionistas deben ser combatidas firmemente. Porque al fin de cuentas el pueblo está unido y no es posible que esa unidad, y las inmensas posibilidades de liberación que encierra el momento actual, se frustren, porque el peso del pasado en unos, y una equivocada evaluación de las posibilidades del futuro en otros, los lleve a conductas que objetivamente contribuyen a prolongar los tormentos del somocismo”.

Hasta aquí el escrito de hace tres años, basado en otro de hace 40 años.

Estos quistes malignos que llevamos dentro son los verdaderos enemigos de la unidad. Enemigos nuestros pero amigos de Ortega. Si no los aniquilamos, a nivel individual y a nivel de grupo, la tragedia se prolongará.

  • Comentarista político Radio Corporación

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