El golpe militar que convirtió Egipto en una cárcel

Tres años después, la atroz represión encabezada por Al Sisi no ha servido para cumplir con las promesas de estabilidad, seguridad y prosperidad

Tal día como hoy de hace tres años el entonces jefe del ejército egipcio Abdelfatah al Sisi anunció la ‘manu militari’ que expulsó de la presidencia al islamista Mohamed Mursi. En los días previos, cientos de miles de almas habían exigido su marcha, hábilmente urdida por una campaña de recogida de firmas alentada desde los pasillos del Estado.

Mil noventa y seis días después del golpe militar que reconcilió a los Hermanos Musulmanes con la clandestinidad, el país más poblado del mundo árabe se halla lejos de las promesas de estabilidad, seguridad y prosperidad económica que enarbolaron sus salvadores. Sin espacio para la más leve disidencia, un clima dedepresión se ha instalado entre aquellos que un día se citaron en la plaza Tahrir para derrotar a Hosni Mubarak. «Tres años después, resulta más evidente que nunca que este país está gobernado por una dictadura militar. Prevalece laintolerancia a cualquier punto de vista opuesto y, como no existe la rendición de cuentas, el poder es cada vez más represivo», relata a EL MUNDO el bloguero Wael Eskandar.

Las cárceles o el exilio se han convertido en las opciones de quienes no comulgan con el régimen de Al Sisi, que -pese a sus declaraciones renegando de la intervención castrense y la ambición de llegar a palacio- terminó colgando el uniforme y fue elegido por el 96,9% de los votos en unas elecciones huérfanas de rival y marcadas por una brutal represión.

«Casi todas las atrocidades que la gente temía que pudieran perpetrar los Hermanos Musulmanes han sido cometidas por este régimen. Las libertades son una broma pero no nos reímos. Nos llevan a prisión, nos hacen desaparecer, nosdeportan o prohíben salir y entrar del país. Egipto es una gigantesca prisión y dentro de ella hay cárceles aún peores y dentro de esos penales reinan la tortura y el confinamiento solitario», agrega Eskandar.

Al drástico incremento de los juicios militares a civiles, se suman las decenas de miles de personas que han detenidas y condenadas por una Justicia que ha despachado penas capitales a escala industrial. El Gobierno egipcio jamás ha proporcionado la cifra de los encarcelados en los últimos tres años pero organizaciones locales elevan el dato a más de 40.000 personas. Otros 3.000 habrían muerto en la represión de las protestas.

Las denuncias de graves violaciones de derechos humanos tampoco se han detenido, con un goteo periódico de muertes en custodia. Las agencias de seguridad han hostigado sin tregua a activistas y organizaciones locales. El pasado lunes, los uniformados prohibieron que Mozn Hasan, fundadora de la asociación feminista Nazra, abandonara el país uniéndose a una larga retahíla de activistas.

La libertad de expresión, que floreció tras el ocaso de Mubarak, también ha sido blanco de la persecución. Hace una semana, la reportera británico-libanesa Liliane Daud fue deportada y, a finales de mayo, las autoridades impidieron la entrada deRémy Pigaglio, corresponsal del diario francés ‘La Croix’, sin mediar explicación alguna. Por primera vez en la Historia, el jefe del sindicato de periodistas local y dos miembros de su directiva han sido procesados por «difundir noticias falsas» y proteger a dos reporteros también denunciados. «Es un régimen que no tolera la libertad. Nos están castigando por cumplir con nuestro trabajo de informar», señala a este diario Jaled al Balshi, uno de los dirigentes del sindicato juzgados.

En medio de una aguda crisis económica, que ahonda los abismos sociales, proyectos faraónicos como la polémica ampliación del Canal de Suez no han dado sus frutos. Y los ataques de la insurgencia yihadista en el Sinaí han dado lapuntilla al turismo.

Tres años después, Al Sisi ha perdido incluso el apoyo de los firmantes de la asonada. En abril, la cesión a Arabia Saudí de las islas de Tirán y Sanafir alumbró las protestas de los partidos laicos que una vez festejaron su irrupción. Abdelaziz al Huseini, figura clave de la formación izquierdista Karama, no ha olvidado elimponente despliegue policial que aquel día ahogó el clamor. «La policía atacó a los manifestantes con perdigones y rodeó nuestra sede, donde habían buscado refugio», evoca.

Fuente El Mundo

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