Editorial La Prensa: Que el poder deje de joder

Foto/La Prensa/AFP

La vicedictadora Rosario Murillo amenazó a los ciudadanos de la oposición y les reclamó que “dejen de joder” a la dictadura.

La intimidante expresión de la señora Murillo ocurrió este jueves 12 de diciembre, poco después que sus fuerzas represivas reprimieran violentamente a madres de presos políticos, activistas opositores y periodistas independientes que cubrían la presentación de la propuesta unificada de reformas constitucionales y electorales, de la Alianza Cívica y la Unidad Nacional Azul y Blanco.

La vicedictadora profirió las expresiones intimidatorias contra la oposición, poco después también de conocerse que el Gobierno de Estados Unidos (EE. UU.) impuso drásticas sanciones a su hijo mayor y gran operador de los oscuros negocios de la familia, Rafael Ortega-Murillo, bajo la acusación de “controlar, financiar y lavar dinero para el régimen”.

El Diccionario de la Real Academia Española (RAE) dice que la palabra joder es malsonante y que, entre otros significados, tiene el de “molestar o fastidiar a alguien”; y “destrozar, arruinar o echar a perder algo”. Mientras que el Diccionario del Español de Nicaragua, del académico nicaragüense Francisco Arellano, ilustra que joder significa fracasar, perjudicar, vencer, dominar e inclusive matar a alguien. Pero también molestar o bromear con alguien.

En realidad, joder es una palabra multiuso del lenguaje nicaragüense, que de acuerdo con el contexto y la intención con que se emplea puede tener el sentido de causar daño, o el de hacer bromas tal vez molestas pero inofensivas.

En el imaginario popular se decía que en alguna ocasión el dictador Anastasio Somoza García, fundador de la dictadura dinástica somocista que dominó al país de 1936 a 1979, supuestamente habría dicho la frase de que: “El poder es para joder”. Además, se atribuía al mismo Somoza García la expresión de que, “el que no jode mandando, no tiene cuando”.

Desconocemos si aquel dictador de derechas que a todas luces es el modelo del dictador de izquierdas de ahora, usaría el verbo joder en el sentido festivo o en el de causar daño al país y a la gente, en particular a sus adversarios. Pero en cualquier caso no son bromas las de los dictadores —el de tiempos pasados y el de la actualidad—, que realmente joden a Nicaragua y a los nicaragüenses de muchas maneras, directas e indirectas.

Joder a los ciudadanos es robarles sus votos en elecciones fraudulentas para perpetuarse mañosamente en el poder.

Joder a los afiliados y pensionados del Seguro Social es saquear los recursos de la institución mediante el abuso de poder y la corrupción.

Joder a los empresarios, productores y consumidores, y al pueblo en general es imponer tasas tributarias abusivas que causan la reducción de la actividad económica en todos sus sectores, generan desempleo y aumentan la pobreza en el país.

Joder a la nación y a todos los ciudadanos es imponer una dictadura anacrónica y brutal, que se sostiene en el poder solo por la cruel y despiadada represión cometiendo incluso crímenes de lesa humanidad.

De manera que, quitándole la palabra a la vicedictadora Rosario Murillo, hay que decirle al poder que deje de joder.

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