Editorial La Prensa: DD.HH. violados y ensangrentados

Asesinato de una familia en el barrio Carlos Marx durante los actos represivos del gobierno - ARCHIVO

Hoy se cumple el 71 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada el 10 de diciembre de 1948, en París, por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Nicaragua fue uno de los 48 países que aprobaron la Declaración, pero desde entonces ha figurado entre los más violadores de los derechos humanos que sus representantes se comprometieron a respetar.

Sin embargo, nunca en los 71 años transcurridos desde la firma de la Declaración los derechos humanos han sido violados de manera tan sistemática y brutal, como ahora por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

El año pasado, al conmemorarse el 70 aniversario de la Declaración, mencionamos los períodos de mayores violaciones de los derechos humanos en Nicaragua. Durante el somocismo, en 1954, a raíz de una fallida conspiración cívico-militar contra la dictadura; en 1956, después del asesinato del dictador Anastasio Somoza García. En 1967, a raíz de la fracasada rebelión civil del 22 de enero. Y en 1978 y 1979, en las represiones de las insurrecciones armadas montadas por los sandinistas.

Posteriormente, durante la revolución sandinista de los años ochenta todo el tiempo fue de violaciones a los derechos humanos, primero contra los somocistas derrotados y después contra los opositores en general, en particular quienes apoyaban a la Resistencia Nicaragüense y la guerra contrarrevolucionaria.

En el período de los gobiernos democráticos, de 1990 a 2006, hubo violaciones a los derechos humanos, pero fueron menores, aisladas y no respondían a una política oficial, como es ahora. Inclusive, en esos años las peores violaciones a los derechos humanos las cometieron los mismos sandinistas, que actuaban desde la oposición y ejecutaban la política terrorista llamada “gobierno desde abajo”, la cual consistía en asesinatos políticos, secuestros de dirigentes democráticos, ultrajes físicos y morales a personas adversarias, asaltos y saqueos de bancos, asedio a empresas privadas, etc.

Sin embargo, como ya lo hemos dicho pero debemos repetirlo y subrayarlo, las peores violaciones a los derechos humanos en los últimos 70 años han ocurrido durante la actual dictadura de Daniel Ortega, cuando no hay una guerra ni ha habido insurrección armada que le sirva para justificarla, como hacía en los años ochenta.

Los organismos internacionales de derechos humanos han documentado y denunciado ante el mundo la barbarie represiva de la dictadura orteguista, que ha llegado al extremo de cometer crímenes de lesa humanidad que la justicia internacional debería juzgar y condenar a los culpables.

Pero la dictadura no es para siempre. Los demócratas que van a tomar el poder cuando termine este régimen oprobioso, no solo tendrán que restablecer la libertad y reconstruir la democracia, sino también la obligación de edificar un robusto Estado de derecho que proteja los derechos humanos y no permita que nunca más sean violados y ensangrentados. Y sobre todo, deben comprometerse ante los nicaragüenses y la comunidad internacional a que cumplirán esa promesa sagrada.

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