Editorial La Prensa: Unidad opositora y Alianza electoral

Marcha de Las Flores

En el editorial de ayer adelantamos una opinión sobre la unidad y la alianza electoral de la oposición. Dijimos que a nuestro juicio la unidad opositora existe desde abril de 2018, y que fue consolidada por la espantosa masacre que perpetró la dictadura para aplastar la rebelión popular y mantenerse en el poder.

Agregamos ahora a lo antes dicho, que estratégicamente la unidad opositora se sustenta en la identificación, primero, de un enemigo común que es la dictadura orteguista, y segundo, del objetivo también común de erradicar el régimen dictatorial para abrir el camino a la nueva transición democrática.

Además, la unidad de la oposición se fundamenta en el consenso de que la vía apropiada para sacar a la dictadura del poder no es la violencia armada —como hicieron los sandinistas para derrocar al somocismo—, sino las elecciones libres, transparentes y observadas, de conformidad con las normas de la Carta Democrática Interamericana de la OEA.

A nuestro juicio, la unidad preexistente de la oposición constituye la base de la gran alianza electoral que oportunamente se debe formar, para enfrentar y derrotar a la dictadura en las urnas de votación, siempre y cuando se logren las condiciones y garantías indispensables para que las elecciones sean auténticas.

Citando a Hanna Arendt, el filósofo y catedrático chileno de ciencias políticas radicado en Alemania, Fernando Mires, explica que si los demócratas son más tendrán más poder político que el enemigo. Asegura Mires que “el objetivo de toda lucha democrática es alcanzar la mayoría frente a un enemigo común… El objetivo de toda política —dice Mires— es sumar y eso significa restar fuerzas al enemigo. Quien no sabe sumar debe ir a la escuela, no a la política”.

En realidad, no se trata de que las ideologías (liberal, conservadora, socialista o socialcristiana) no sean importantes. Todas lo son y por eso la política, y en particular la política democrática, tiene lugar en un campo dividido por las ideologías, además de por los intereses.

Ahora bien, cuando el camino elegido para alcanzar el objetivo es la lucha pacífica, entonces la unidad en la política se encarna en la alianza electoral de las distintas fuerzas para enfrentar a un enemigo común, al cual nadie podría derrotar solo con sus propios medios.

Sin embargo, como advierte el mismo Fernando Mires, la unidad política solo puede tener lugar entre quienes quieren y buscan una mayoría. Los que no tienen vocación de mayoría no solo no pueden, tampoco deben formar parte de un bloque unitario.

Cabe recordar que en 1989, en Nicaragua, 14 partidos políticos —adversarios del FSLN y Daniel Ortega— formaron la alianza electoral Unión Nacional Opositora (UNO) para enfrentarse a la dictadura sandinista. Otros 8 partidos de oposición no quisieron unirse y fueron solos a las elecciones. El resultado fue que la UNO obtuvo 54.74 por ciento de los votos y derrotó al FSLN, que recibió el 40.82 por ciento. Los otros 8 partidos sumaron todos apenas un mísero 4.44 por ciento entre todos.

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