Editorial La Prensa: Se necesita otro Pacto Providencial

Diálogo Nacional

Pacto Providencial se denomina en la historia de Nicaragua al acuerdo que los líderes legitimistas y democráticos (como se llamaban entonces los conservadores y liberales, y eran los únicos partidos que existían en esa época) acordaron el 12 de septiembre de 1856 para combatir unidos a los filibusteros de William Walker.

Los filibusteros llegaron a Nicaragua contratados por los liberales para que les ayudaran a combatir y derrotar a los conservadores en la guerra civil que asolaba al país desde 1854. Pero los filibusteros tenían su propio proyecto político y aprovechando su superioridad militar, y sobre todo la división de los nicaragüenses, se adueñaron del país con la pretensión de anexarlo a los Estados Unidos de Norteamérica.

Los gobiernos de los otros países centroamericanos enviaron fuerzas militares a Nicaragua para ayudar a los hermanos nicaragüenses. Pero los liberales y conservadores, por su encono político no podían, o mejor decir no querían deponer sus diferencias partidistas, ni siquiera en aquellas aciagas circunstancias.

Los aliados centroamericanos amenazaron con retirarse de Nicaragua si los nicaragüenses no se unían. Solo entonces liberales y conservadores se avinieron a firmar un acuerdo para enfrentar juntos al enemigo común.

Los frutos de aquella unión patriótica de los nicaragüenses se comenzaron a cosechar apenas dos días después de la firma del Pacto Providencial, en la Batalla de San Jacinto del 14 de septiembre de 1856, cuando las tropas nicaragüenses asestaron una contundente y estratégica derrota a las fuerzas de Walker.

Gracias a la unión de los dos partidos los filibusteros fueron echados de Nicaragua en 1857 y el 12 de septiembre de 1856 quedó registrado en la historia como una parte de la trilogía de las Fiestas Patrias, junto con la efemérides del 15 de septiembre por la Independencia Nacional y la del 14 de septiembre por la Batalla de San Jacinto.

Al acuerdo político del 12 de septiembre de 1856 se le llamó Pacto Providencial, porque los conservadores y liberales se odiaban tanto unos a otros que parecía imposible que se pudieran unir. De manera que el imaginario popular atribuyó a la providencia divina que los partidos políticos depusieran sus diferencias y se unieran para combatir juntos al enemigo común.

En la actualidad Nicaragua está en una situación histórica crucial que es comparable a la de 1856. Ahora los filibusteros no son extranjeros, como los de Walker en el siglo XIX, pero actúan con la ferocidad de un ejército de ocupación y pretenden someter para siempre al pueblo a un régimen de opresión.

En estas circunstancias hace falta otro Pacto Providencial, se necesita que como en 1856 se unan todos los patriotas y demócratas que quieren vivir en libertad y con dignidad, sin distingo de banderas políticas e ideologías. Solo de esa manera será posible derrotar a los nuevos filibusteros, los que no por hablar el mismo idioma y haber nacido en el mismo país, son menos opresores, feroces, crueles y depredadores que los que encabezó William Walker a mediados del siglo XIX.

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