Editorial La Prensa: Las barbas del vecino

Daniel Ortega
Foto/AFP

La decisión de Estados Unidos (EE.UU.) de imponer un bloqueo económico total a la dictadura de Venezuela, tiene la mayor importancia para Nicaragua porque algo igual le podría ocurrir a la dictadura de Daniel Ortega.

En la orden ejecutiva enviada este lunes al Congreso, dice el presidente Donald Trump: “He determinado que es necesario bloquear la propiedad del Gobierno de Venezuela a la luz de la continua usurpación del poder por el ilegítimo régimen de Nicolás Maduro, así como los abusos de los derechos humanos, el arresto arbitrario y la detención de ciudadanos venezolanos, la restricción de la prensa libre y los intentos continuos de socavar al presidente interino Juan Guaidó de Venezuela y a la Asamblea Nacional venezolana elegida democráticamente”.

Cuando días atrás el presidente Trump dijo que estaba decidido a bloquear a la dictadura de Venezuela, Maduro creyó que se trataría de un bloqueo marítimo y aéreo, anticipo de una acción de guerra, y puso en alerta a sus fuerzas armadas. Sin embargo, aunque el bloqueo es económico igualmente podría tener devastadoras consecuencias para la dictadura.

La nota ejecutiva no detalla los bienes que le quedan a Venezuela en los EE. UU., a cargo del régimen usurpador de Maduro, después que la refinadora de petróleo y distribuidora de combustibles Citgo fue embargada en el marco de las sanciones contra PDVSA. Pero los bienes que ahora son bloqueados deben ser de gran cuantía, a juzgar por la importancia que se está dando a la decisión estadounidense.

Ahora bien, las mismas razones que ha tenido EE. UU. para justificar el bloqueo económico total a la dictadura de Venezuela, las podría tener para sancionar más drásticamente a la dictadura de Nicaragua. Ortega se ha puesto en la mira de más sanciones al desafiar a la comunidad democrática internacional cancelando el diálogo con la Alianza Cívica y cerrando de esa manera la posibilidad de encontrar una solución negociada de la crisis sociopolítica y económica que sufre el país.

Es evidente que el dictador de Nicaragua quiere llevar al país por el camino que conduce a Cuba y Venezuela. Ortega nunca ha ocultado que Cuba es su modelo de país, de sociedad, de sistema socioeconómico y de régimen político. Ni que también está atado al proyecto del llamado socialismo del siglo 21, imperante en Venezuela, que es el mismo modelo de opresión y miseria del socialismo real del siglo pasado.

Al parecer solo la presión internacional, combinada con la resistencia cívica interna, podría obligar a Ortega a desistir de ese capricho delirante y a reconocer que lo más conveniente para el país, inclusive para él mismo y los suyos, es acordar con la oposición las bases para la realización de elecciones verdaderas, libres y limpias, a fin de poder resolver la crisis y reconstruir la nación.

Considerando la atribulada situación que está pasando Nicolás Maduro en Venezuela, Daniel Ortega debería tomar nota del antiguo refrán español que dice: “Cuando las barbas del vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar”.

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