Editorial La Prensa: Ortega con «el eje del mal»

El canciller de la República Islámica de Irán, Mohammad Javad Zarif, vino a Nicaragua para estrechar relaciones con la dictadura de Daniel Ortega, quien de esta manera reta o provoca al gobierno de Estados Unidos (EE. UU.). El mismo canciller iraní dijo que el propósito fundamental de su visita es cerrar filas con la dictadura de Nicaragua en el enfrentamiento contra EE. UU. que impone sanciones a los regímenes de ambos países.

“Nosotros no tenemos que permitir que pongan obstáculos para el desarrollo de nuestros pueblos, de ambos, quienes estamos sufriendo de ese terrorismo económico impuesto por los Estados Unidos”, dijo Javad Zarif, en alusión a las sanciones estadounidenses contra los dos regímenes dictatoriales que se tratan como hermanos ideológicos y políticos.

La tiranía de Irán llama a los EE. UU. “el gran Satán”, que equivale en el lenguaje sandinista a “enemigo de la humanidad” . Por su parte EE. UU. incluye al régimen iraní en el denominado “eje del mal”, del que forman parte aquellos regímenes que no solo oprimen a sus propios pueblos sino que se proponen destruir o al menos causar grave daño al sistema de vida y gobierno estadounidense. El conflicto de EE. UU. con Irán viene desde 1979, cuando triunfó la totalitaria revolución islámica liderada por los ayatolás, pero últimamente se ha agravado y provocado una grave tensión en la región del Golfo Pérsico y todo el Oriente Medio.

 

El analista nicaragüense de política exterior, Julio Icaza Gallard, declaró a LA PRENSA que Ortega, con su acercamiento a Irán “está metiéndose entre las patas de los elefantes”, lo cual es cierto.

En vez de abrirse a la transición hacia la democracia como lo demanda la población nicaragüense e insta la comunidad democrática internacional, Ortega amenaza con radicalizar o cubanizar su régimen dictatorial. Y en política internacional estrecha su alineamiento con los países no democráticos que son enemigos de los EE. UU. Lo cual seguramente no es solo por afinidad ideológica, sino porque Ortega espera conseguir de ellos recursos económicos que le ayuden a mantenerse en el poder.

Pero como advierte Icaza Gallard, esta política aventurera de Ortega significa involucrarse en conflictos geopolíticos de otros países lejanos y extraños, y repetir los errores estratégicos que los comandantes sandinistas cometieron en los oscuros años ochenta.

En aquella época, después de concentrar en sus manos el poder absoluto Ortega y los otros comandantes sandinistas despreciaron el ofrecimiento que les hizo EE. UU., de ayuda y respeto a la revolución a cambio de que no se alinearan con Cuba y la Unión Soviética y que se abstuvieran de exportar la revolución a El Salvador y demás países centroamericanos. Hicieron lo contrario y todos los nicaragüense —inclusive ellos— pagaron las consecuencias. Y ahora Ortega quiere repetir aquellos mismos errores y torpezas del pasado.

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