Editorial La Prensa: La fórmula argelina

Durante un supuesto enfrentamiento con el Ejército de Nicaragua el pasado doce
Ejército de Nicaragua

La mesa de negociación política del régimen de Daniel Ortega con la opositora Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, quedó suspendida —aunque no inactiva— este miércoles 3 de abril, sin llegar a acuerdos sobre los temas sustantivos de democratización y justicia.

Ha pasado un año desde el estallido social de abril de 2018. Entre abril y agosto del año pasado el país fue escenario de intensas batallas en los tranques y grandes manifestaciones pacíficas en las calles. Aquellos épicos acontecimientos fueron seguidos por la sangrienta represión de la dictadura que dejó más de 325 muertos, según los organismos internacionales de derechos humanos. Debido a eso la comunidad internacional y Estados Unidos (EE. UU.) en particular han presionado y sancionado al régimen orteguista, que se ha visto obligado a abrir un proceso de negociación política, en el cual, sin embargo, por su intransigencia no se ha podido alcanzar acuerdos de fondo para resolver la crisis nacional. Y la dictadura sigue inamovible hasta ahora.

En Argelia, en cambio, bastaron seis semanas de protestas en las calles con menos de 200 heridos y apenas un manifestante muerto, para que el dictador Abdelaziz Buteflika renunciara al poder que ejerció con mano de hierro durante 20 años. Buteflika renunció ante el Consejo Constitucional como lo establece la Constitución y el presidente del Senado ha asumido el poder por el término de 90 días, mientras se celebran nuevas elecciones.

Como ocurre en situaciones como esta, hay incertidumbre sobre el rumbo político que seguirá Argelia. Pero lo que nos interesa poner de manifiesto es el hecho primordial de que el dictador Buteflika fue obligado a renunciar a un costo muy bajo, incomparable con el caso de Nicaragua. A diferencia de Argelia, aquí ha habido una espantosa matanza perpetrada por la dictadura que inclusive ha cometido crímenes de lesa humanidad para mantenerse en el poder. Y a pesar de eso Ortega no acepta el cambio democrático que demandan el pueblo nicaragüense y la comunidad internacional.

¿Por qué en Argelia la dictadura de Buteflika cayó tan rápido y con un costo humano muy bajo, mientras que en Nicaragua se ha pagado un horrendo precio pero Ortega se niega a aceptar un acuerdo para la democratización? Es que en Argelia, aunque las Fuerzas Armadas formaban parte del sistema de la dictadura muy pronto le dijeron a Buteflika que debía dejar el poder, antes de que la situación se complicara más. Pero en Nicaragua, por el contrario, el Ejército ha preferido ser fiel a la dictadura en vez de ponerse al lado del pueblo.

La lucha popular en sus diversas formas es siempre la causa fundamental de la caída de los dictadores, sin embargo, para triunfar hace falta que las Fuerzas Armadas dejen de apoyar a la dictadura. Así lo ha vuelto a demostrar la exitosa fórmula argelina, como lo demuestra también la experiencia en curso, aunque hasta ahora en negativo, de Venezuela y Nicaragua.

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