Editorial La Prensa: ¿Por qué el odio a las ONG?

Red Local
Foto/HOY / Óscar Navarrete

El portavoz de la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Oacnudh), Rupert Colville, expresó en un comunicado la preocupación de ese organismo mundial porque en Nicaragua continúan las agresiones del régimen de Daniel Ortega contra las organizaciones de la sociedad civil.

Se refiere en este caso al asalto policial a las oficinas de la Red Nicaragüense para la Democracia y el Desarrollo, conocida como Red Local, ocurrido el jueves de la semana pasada. Ese día la Policía arrasó hasta con la caja fuerte de la mencionada ONG y se llevó presos a dos empleados, a los que soltó poco después bajo la amenaza de que guardaran silencio.

“Red Local y la red de ONG que apoya realizan un trabajo crucial en nombre de los nicaragüenses, y deberían poder operar sin temor a ser acosados por las autoridades”, declaró el vocero de la Oficina de la ONU a cargo de la expresidenta de Chile y política socialista democrática, Michelle Bachelet.

La agresión de la Policía Orteguista contra la Red Local sorprendió a los líderes y activistas de las ONG de Nicaragua, pues se creía que el ataque del régimen contra las organizaciones de la sociedad civil había amainado, después de la violenta arremetida de fines del año pasado.

Pero es evidente que las ONG que se dedican a promover la cultura cívica y democrática de los ciudadanos siguen en la mira de la dictadura. También la semana pasada se divulgó en redes sociales oficialistas un documento que menciona a organizaciones de la sociedad civil que reciben financiamiento externo y a los organismos internacionales gubernamentales y no gubernamentales que los financian, a los que por eso se les difama y criminaliza.

Según el oficialismo, financiar y recibir fondos para educar a los ciudadanos en el conocimiento de sus derechos, promover la transparencia pública, empoderar a la mujer, promover y defender los derechos humanos, etc., son actividades terroristas que deben ser prohibidas, perseguidas y reprimidas.

Es una monstruosidad, pues esto es algo que hacen las organizaciones internacionales, gubernamentales y no gubernamentales en todas partes del mundo en vías de desarrollo, que para salir del atraso y la pobreza necesitan no solo asistencia económica y material, sino también apoyo social y cultural. Además, como ha señalado la Oficina de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, “el acoso a las organizaciones de la sociedad civil constituye una violación de los derechos a la libertad de opinión y expresión, reunión pacífica y asociación”.

En el mundo civilizado actual hay consenso en que la democracia se fortalece cuando la sociedad civil tiene libertad para impulsar las agendas de interés social, pues de esa manera los gobiernos complementan y sostienen sus políticas públicas para garantizar el bienestar general. Pero en Nicaragua no hay democracia ni los gobernantes son civilizados.