Editorial La Prensa: Nueve meses de dolores de parto

Protestas,Managua,

Hoy se cumplen nueve meses del estallido de la rebelión democrática de abril, que desencadenaron los estudiantes y fue respaldada por grandes multitudes de ciudadanos.

De hecho la rebelión comenzó el día anterior, el 18 de abril, cuando grupos de estudiantes que salieron a la calle en Managua y León para repudiar una impopular reforma al sistema de pensiones fueron brutalmente reprimidos por turbas oficialistas, respaldadas por la Policía.

Aquella represión fue igual a todas las que venía perpetrando el régimen desde 2007, disolviendo violentamente cualquier protesta con ataques de turbas y grupos policiales. Pero el 18 de abril la estrategia ya no le funcionó a la dictadura. Al día siguiente las protestas se extendieron por todo el país, la gente levantó barricadas en las ciudades y tranques en las carreteras y durante algunos meses el régimen perdió el control territorial del país.

La población insurreccionada solo fue derrotada por la enorme desigualdad de fuerzas a favor de la dictadura, la que “fue con todo” contra los ciudadanos desarmados y llegó al extremo de cometer crímenes de lesa humanidad, como lo comprobó y denunció el grupo de expertos internacionales que investigó la violencia entre el 19 de abril y el 30 de mayo del año pasado.

En realidad, la rebelión popular fue derrotada porque era fundamentalmente pacífica y cívica, independientemente de que algunas personas usaron armas domésticas para defenderse de las poderosas fuerzas policiales y paramilitares que movilizó la dictadura.

Pero además, la heroica insurrección cívica democrática fue derrotada porque el Ejército no defendió al pueblo, no quiso desarmar a las bandas paramilitares y prefirió mantenerse leal a la dictadura. La experiencia histórica demuestra —el caso de Rumania, por ejemplo— que las insurrecciones populares pacíficas contra las dictaduras solo triunfan si el ejército en parte o en su totalidad se pone del lado del pueblo y voltea sus armas contra los opresores.

A pesar de todo la dictadura no ha podido poner fin a la resistencia democrática de la población. Esta solo cambió de escenario, trasladándose a los foros externos.

La comunidad democrática internacional se ha horrorizado ante las monstruosas violaciones a los derechos humanos que se han cometido en Nicaragua y presiona por distintos medios al régimen orteguista, para que cese la represión, libere a los presos políticos, respete los derechos humanos y dialogue con la oposición para buscar una salida democrática.

Es evidente que —como ha revelado el magistrado sandinista desertor Rafael Solís— Ortega y Murillo creen que con la represión sin límites pueden superar la crisis y perpetuarse en el poder. Pero Nicaragua cambió para siempre en abril de 2018 y la única salida es la democratización del país. Los dolores de parto son intensos y prolongados, pero el alumbramiento de la nueva Nicaragua es inevitable.

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