Editorial La Prensa: el atentado contra el padre Guevara

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Consternados e indignados recibieron los creyentes católicos —y todos los ciudadanos democráticos, pacíficos y dignos de Nicaragua—, la noticia de que una mujer rusa roció con ácido sulfúrico el cuerpo y el rostro del sacerdote Mario Guevara, el miércoles de la presente semana en la Catedral de Managua.

Elis Leonidovna Gonn, se llama la rusa que atacó con ácido al infortunado presbítero del principal templo católico de Nicaragua, causándole dolorosas lesiones que ameritaron tratamiento hospitalario, pero afortunadamente no tuvieron una peor consecuencia.

Moderado como siempre, el cardenal Leopoldo Brenes descartó a priori que el Gobierno pudiera estar detrás del atentado. En realidad, es que no se puede acusar al régimen de Daniel Ortega por este ataque criminal contra el sacerdote Medrano, a menos que se tengan las pruebas fehacientes que lo demuestren.

Sin embargo, es muy difícil no vincular el atentado contra el padre Guevara, con la campaña de odio de la dictadura contra la Iglesia y los obispos y sacerdotes católicos.

Desde el 19 de julio pasado la Iglesia católica de Nicaragua viene siendo víctima de irracionales ataques del régimen orteguista, molesto porque los religiosos auxiliaron a víctimas de la represión; y porque la Conferencia Episcopal —en ejercicio de sus funciones como mediadora en el Diálogo Nacional que el mismo Daniel Ortega le pidió que organizara—, planteó que era necesario adelantar las elecciones de 2021 para marzo del próximo año, a fin de resolver de manera pacífica y democrática la grave crisis política, económica, social y de derechos humanos que sufre el país.
Es de público conocimiento que, como consecuencia de la campaña oficialista de odio contra los obispos y sacerdotes católicos, a los que se les acusa de golpistas y asesinos, algunos partidarios del régimen los amenazan inclusive de muerte, en algunos casos de manera directa y en otros expresando malévolamente que “las balas traspasan las sotanas”.

Pero también es necesario reconocer que en las redes sociales hay quienes predican odio contra los gobernantes y sus simpatizantes. Por supuesto que esto no ocurre en los medios de comunicación formales, en los que se informa y opina con criterio profesional, pero tampoco se debería hacer en las redes sociales. La lucha por la libertad, la democracia y la justicia debe ser limpia, no hay que desacreditarla usando los mismos métodos sucios de la dictadura.

Sin embargo, es importante señalar que la prédica de odio y la instigación a la violencia es mucho más grave y realmente peligrosa, cuando proviene del Gobierno o de los gobernantes y sus medios de comunicación. En este caso, cualquier fanático militante o simpatizante del partido de gobierno se puede sentir autorizado y con respaldo del poder, para cometer un crimen de odio. Y es posible que este sea el caso de la mujer rusa que roció ácido sulfúrico en el cuerpo y la cara del padre Mario Guevara.