Sergio Ramírez dedica Premio Cervantes a «estudiantes asesinados en protestas»

Sergio Ramírez
Los Reyes imponen la medalla del Premio Cervantes al escritor nicaragüense Sergio Ramírez (EUROPA PRESS)

Primer centroamericano en recibir el Premio Cervantes, el nicaragüense Sergio Ramírez dedicó este lunes el máximo galardón de las letras hispanas a la memoria de los manifestantes «asesinados» en las violentas protestas en su país.

“Escribo entre cuatro paredes, pero con las ventanas abiertas”, ha dicho esta mañana Sergio Ramírez en Alcalá de Henares en su discurso de recepción del Premio Cervantes. Por esas ventanas se ha colado estos días la sangrienta represión en Nicaragua de los que protestan contra la reforma de la Seguridad Social decretada –y luego derogada– por el Gobierno de Daniel Ortega. Los modos dictatoriales de sus excompañeros sandinistas –Ramírez fue vicepresidente de su país hasta 1990– llevaron al premiado a saltarse el protocolo literario en un acto presidido por los reyes y al que también acudieron el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, que volvían a aparecer juntos en público en medio de la polémica en torno al máster de Cifuentes.

Con un lazo negro en la solapa, Ramírez subió parsimoniosamente al púlpito del paraninfo de la Universidad de Alcalá, abrió una carpeta celeste y dijo: “Permítanme dedicar este premio a la memoria de los nicaragüenses que en los últimos días han sido asesinados en las calles por reclamar justicia y democracia, y a los miles de jóvenes que siguen luchando sin más armas que sus ideales porque Nicaragua vuelva a ser república”.

Sergio Ramírez-Premio Cervantes
Foto/EFE

Enseguida lo explicaría en su discurso: “Como novelista no puedo ignorar la anormalidad constante de las ocurrencias de la realidad en que vivo, tan desconcertantes y tornadizas, y no pocas veces tan trágicas pero siempre seductoras”. “Cerrar los ojos es traicionar el oficio”, dijo también para reivindicar el papel principal que la literatura reserva a los ignorados por la Historia, aquellos que caminan “sin ser advertidos, o sin advertirlo, hacia las fauces que los engullen, víctimas tantas veces del poder arbitrario que trastoca sus vidas, el poder demagógico que divide separa, enfrenta, atropella. Ese poder que no lleva en su naturaleza ni la compasión ni la justicia y se impone por tanto con desmesura, cinismo y crueldad”.

Sergio Ramírez abrió su discurso invocando los nombres de paisanos suyos como Carlos Martínez Rivas, Ernesto Cardenal, Claribel Alegría y Gioconda Belli –poetas enormes de un país donde “todos somos poetas de nacimiento, salvo prueba en contrario”– y lo cerró agradeciendo su trabajo de años a Pilar Reyes, su editora en Alfaguara, a Antonio Kerrigan, su agente, y a Juan Cruz, periodista de EL PAÍS, “Juan de Juanes, que supo armarme de nuevo con las armas de la literatura cuando regresaba de otras lides con la lanza quebrada”. Un guiño al editor que lo rescató para la escritura después de que el fervor de la revolución desembocara en el desencanto de la política.

Fuente: El País-EFE

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