Otro cumpleaños sin el cumpleañero

Adolfo Miranda Sáenz

Pronto estaremos celebrando nuevamente la Navidad (en latín: nativitas, “nacimiento”). La celebración del nacimiento -por lo tanto, el cumpleaños- de Jesús. Esta solemnidad se celebra el 25 de diciembre en las Iglesias católica, anglicana y protestantes, y en la mayoría de las Iglesias ortodoxas. Tiene diferentes nombres, pero todos alusivos al nacimiento de Jesucristo. Por ejemplo, en inglés se le llama Christmas, cuyo significado es “Misa de Cristo”; en alemán se llama Weihnachten, que significa “Noche de Bendición”; en portugués, Natal, que significa natalicio.

En la Biblia no se menciona la fecha del nacimiento de Jesús. A pesar de que algunos han tratado de establecerlo por el contexto bíblico e histórico, no ha sido posible precisarlo. Pero, lo importante es que desde los primeros cristianos hasta los actuales, por más de dos mil años, siempre hemos deseado fervientemente celebrar el cumpleaños de Jesús. Como no se sabe la fecha, se buscó una fecha propicia para hacerlo. En la antigua Roma, los paganos hacían una gran fiesta el 25 de diciembre para conmemorar el “Natalis Solis Invicti” (Nacimiento del Sol Invicto, o sea, Apolo).

Para los cristianos el único “sol invicto” no era Apolo ni ningún otro más que quien creó al sol y todas las cosas, y dijo: “Yo soy la luz del mundo”. Jesucristo. Por eso, los cristianos de todo el mundo seguimos celebrando con amor, devoción y alegría, el cumpleaños de Jesús, que siendo Dios se hizo hombre por amor a nosotros, naciendo del seno de la Virgen María en un pesebre de Belén.

En los cumpleaños se dan obsequios al cumpleañero. El sentido de darse obsequios unos a otros en Navidad es recordar los regalos que los Sabios de Oriente le llevaron a Jesús, y de esa manera tener un gesto de amor a nuestros seres queridos para recordar al Niño Dios en su cumpleaños.

Pero, modernamente se va convirtiendo en una festividad comercial y pagana, donde Santa Claus sustituye al Niño Dios como personaje central y la fiesta navideña se celebra sin a veces ni siquiera mencionar que es el cumpleaños de Jesús. Se celebra el cumpleaños sin el cumpleañero. En Estados Unidos y Europa varios influyentes grupos judíos y otros ateos se han propuesto cambiarle el nombre de Christmas a “Holydays” y se sustituyen tarjetas que dicen “Feliz Navidad” por otras que dicen simplemente “Felices Fiestas”.

El signo conmemorativo de la Navidad es el Pesebre Navideño, con San José, la Virgen María y el Niño Dios; pero hoy se puede ver en las calles, plazas, centros comerciales, escuelas, tiendas, restaurantes y en las casas de habitación cómo sobresalen la figura de Santa Claus, el árbol de luces, los adornos brillantes, trineos, renos, duendes, lucecitas, es decir, adornos bellos de todo tipo, pero ninguna imagen del Niño Dios, mucho menos un pesebre. Alguno que otro se encuentra, pero cada vez son menos.

Si usted es cristiano, ¿no siente que se nos está robando nuestra fiesta navideña en que conmemoramos un suceso tan trascendental como es el nacimiento de Cristo? Lo más triste es que muchos que se llaman cristianos participan de este despojo tranquilamente y lo fomentan. Y peor aún, enseñan a su hijo a esperar y amar a una figura mítica y comercial como es Santa Claus, en lugar de amar y conmemorar al Niño Jesús.

Tampoco vamos a ser extremistas. Se puede llevar a los niños a tomarse una foto con Santa Claus, poner un arbolito, adornar con luces la casa, preparar una cena navideña con la familia e invitados, intercambiar regalos, etc. Todo eso está bien; pero, si somos cristianos, debemos explicar a los niños que todo eso es para celebrar el cumpleaños de Jesús, su nacimiento. Que sin el Niño Dios la Navidad no tendría sentido, pues celebramos su nacimiento. Y pongamos un “nacimiento” o “pesebre”, aunque sea pequeño y sencillo, en un lugar destacado de nuestras casas.

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