Obama, Trudeau y Peña Nieto se conjuran contra el proteccionismo

Los líderes de EE UU, Canadá y México pactan en Ottawa avanzar en la integración comercial y un plan contra el cambio climático

proteccionismo,Inmigración,México,Canada,EEUU

La cumbre de los Three Amigos, el grupo formado por Estados Unidos, México y Canadá, intentó convertirse en una conjura contra un creciente sentimiento proteccionista que se extiende entre las economías industrializadas. El Brexit, la salida de Reino Unido de la Unión Europea recién decidida en referendo, ha recordado a los líderes de estos países que ninguna unidad económica o de mercado es irreversible, y que la economía globalizada ha dejado una ristra de perdedores en todo el mundo que cuestionan las bondades de los tratados de libre comercio.

El candidato republicano a la Casa Blanca, Donald Trump, se ha encargado de agitar este rechazo. El martes, en la víspera de la cumbre tripartita, aseguró que, si es presidente, reformará profundamente o romperá el tratado comercial quelos tres países norteamericanos (Nafta, en sus siglas en inglés) suscribieron en 1993 bajo la Administración de Bill Clinton. “El peor de la historia”, dijo.

En contraposición al discurso de Trump, el presidente estadounidense, Barack Obama, y sus homólogos mexicano y canadiense, Enrique Peña Nieto y Justin Trudeau, no solo exhibieron una imagen de unidad sino acordaron ir más allá. “Desarrollaremos este fuerte acuerdo trilateral, facilitaremos más el comercio entre los países y mejoraremos las redes que nos permiten producir productos y servicios juntos”, dijeron. Pactaron, además, un plan de acción sobre cambio climático, energía y medio ambiente que establece que para 2025 la región genere un 50% de energía limpia.

Pero no es el Trumpismo el que ha fabricado el sentimiento antiglobalización, aunque su retórica lo explote rayando en ocasiones en lo xenófobo. Ese rechazo es real, tan real como los miles de despidos que ha producido la fuga de producción a países más baratos en las últimas dos décadas. Y tan visible como el rechazo que en Europa suscita también el Tratado que se negocia con EE UU (el TTIP).

Un estudio del laboratorio de ideas Economic Policy Institute atribuye al Nafta la destrucción de cerca de 700.000 empleos desde que se firmó. Y la globalización se asocia en gran parte al incremento de las desigualdades en el país. Trump puede ganar o no las elecciones presidenciales de noviembre –los sondeos dicen que no lo hará-, pero, pasado noviembre, haya quien haya en el puesto de mando, el dinosaurio seguirá ahí. A eso se enfrentan los tres amigos.

En la rueda de prensa posterior a la cumbre, Obama admitió la erosión de la clase media de los últimos años y lo desequilibrado de la recuperación económica. “Ese problema es real y si sigue así puede suponer una ruptura” en el libre comercio, dijo pero “la cuestión es qué haces al respecto”, continuó. Y una menor apertura comercial, advirtió “sería una mala medicina, porque nos haría menos eficientes”. Lo que más empleo ha destruido en las fábricas, recalcó Obama, “ha sido la automatización”.

El presidente también enmendó la totalidad del duro discurso con la inmigración de Trump. Recalcó que EE UU “es una tierra de inmigrantes”. “Debemos tomarnos en serio esta retórica y responder a ella, pero no deberían tomarla como una señal de lo que es Estados Unidos”, añadió. Fue duro, cuestionó incluso que Trump merezca el calificativo de “populista”: “Alguien que nunca ha mostrado ningún respeto por los trabajadores” ni “luchado por asuntos de justicia social” no debe considerarse así por sus salidas de tono. “Eso es nativismo, o xenofobia. O algo peor. O simplemente se trata de cinismo”, concluyó Obama.

En el centro de esa retórica ha estado México desde el inicio de la carrera electoral del magnate. Ha propuesto construir un muro de separación para combatir la inmigración ilegal. También ataca al país vecino cuando del Nafta se trata. México actúa de forma injusta al promover sus propios productos, retiró sus tarifas arancelarias para ser miembros del Nafta pero impuso una tasa al valor añadido de las importaciones para seguir siendo competitivo”, criticó el martes.

Por el contrario, Peña Nieto defendió su tratado de comercio con Estados Unidos como un generador de “oportunidades e inversiones” y defendió que el Acuerdo Transpacífico al que llegó Obama en 2015 reforzará sus lazos. “El aislacionismo no es la respuesta”, dijo. Pero también tuvo que responder a las preguntas sobre la comparación que hizo hace unos meses de Trump con los dictadores Mussolini y Hitler. Defendió su rechazo a “los líderes populistas que quieren destruir lo que hemos construido”.

Se trata de la última cumbre de la Nafta de la presidencia de Barack Obama y la primera para el anfitrión, Trudeau, que quiere estrechar lazos con sus vecinos. El día previo, cumplió una vieja reivindicación mexicana al permitir que sus ciudadanos visiten Canadá sin necesidad de visado.

Los líderes también abordaron la inmigración y las posibles consecuencia del Brexit en todo el mundo. Hay un miedo político de fondo, no en vano Trump hizo un paralelismo con el resultado del referéndum para defender que Estados Unidos también “se independice” en materia económica, lo que incluye bloquear también el nuevo Tratado Comercial Transpacífico.

Obama llamó a la calma, dijo que la relación entre Estados Unidos y Reino Unido, en esencia, no cambiará pese al Brexit, aunque sí expresó inquietud por el efecto al crecimiento a largo plazo y aconsejó a los líderes europeos que “respiren” y preparen un plan transparente y comprensible para que el la salida se produzca de forma ordenada.